sábado, 15 de septiembre de 2012

Lavado de la ropa



Tareas domésticas


Querido hombre, varón, macho argentino, inicio este manual de tareas domésticas para hombres que piensan mudarse con una mujer para que comprendan qué quiere decir o qué pretende exactamente su compañera cuando les pide ayuda con una tarea de la casa. Ante nada sepan que una gran guía es el sentido común, tanto en las tareas domésticas como en la vida, mis chiquitos.
Empezaremos este manual con el lavado de la ropa.

Foto: www.ropademodahombres.com

Significado
Lavar la ropa significa dejar las prendas en un estado óptimo para ser usadas nuevamente. Implica DESDE sacarlas del canasto de la ropa sucia HASTA guardarlas bien dobladas en el lugar para planchar –si es que en la casa se hace tal cosa- o en el placard en sus correspondientes cajones o perchas.
No vale dejar la ropa abandonada a su suerte, poniéndola en el lavarropas y chau picho. Eso no es lavar la ropa. Eso es poner la ropa en el lavarropas y punto. El proceso es de principio a fin, entre otras cosas porque si dejan la ropa mojada dentro del lavarropas por más de 6 horas, tendrá tal olor a humedad que les parecerá que están viviendo debajo de un puente en La Boca. Y el olor a humedad no se va colgando la ropa al sol ni enjuagándola con agua: se va lavándola de nuevo.
Por esta misma razón, antes de lavar hay que chequear que haya lugar en la soga, alambre, tender o espacio de colgado.

Separando en origen
En primer lugar, separaremos la ropa por colores, los oscuros con los oscuros y los claros con los claros. ¿Qué es oscuro? Negro, azul, gris, marrón, violeta y sus variantes desteñidas. Sólo menciono estos cinco colores porque son básicos y fáciles de reconocer por el ojo del hombre (ya sabemos que ven no más de 20 o 25 colores con suerte). ¿Qué es claro? Blanco, amarillito, cremita, celestito. Mientras más en diminutivo sea el color, menos probabilidades habrá de que tiña con su tono a otra prenda.
Ahora bien. ¿Qué hacemos con los colores que no he nombrado como el verde, el rojo, el rosado? Acá tienen que hacer un esfuerzo y discernir: si es ropa que no es muy nueva, va a parar a la colada –así se llama a la tanda de ropa que se mete al lavarropas- de ropa oscura. Si por el contrario los colores son firmes, se lavan por separado y con agua fría.

Volumen
Los lavarropas suelen medir su capacidad en kilos. Y la verdad es que no sé cuánto es un kilo de ropa, porque no es lo mismo un puñadote de medias de toalla que un pullover de lana de Merino. De lo que sí estoy segura es que no hay que atiborrarlo hasta que explote porque entonces lava como el orto. Así de cortito.
Una buena medida es ocho prendas por lavado, por ejemplo: ocho remeras. Los pantalones valen por dos y los calzoncillos valen por media. Pero no ocho toallones. ¿Vieron que los toallones absorben el agua? ¿Y qué carajo les hace pensar que al ingresar al aparato pierden esa capacidad? Los toallones se lavan de a dos o tres como mucho, dependiendo del tamaño.
Tampoco vamos a lavar ocho calzoncillos y nada más. Como les dije más arriba, usen el sentido común.

Productos
Los lavarropas suelen tener una gaveta, que es ese cajoncito que se tira para atrás, donde se coloca el jabón y el suavizante. También se puede poner lavandina pero desde ya les digo: TIENEN ABSOLUTAMENTE PROHIBIDO TOCAR LA LAVANDINA. En este punto, ustedes son iguales de peligrosos que un chico de 2 años. La lavandina no se toca. Tuto, caliente, caca, cochino.
Entonces, sabiendo que sólo pueden manipular jabón y suavizante, pasaremos a las cantidades.
En primer lugar, vamos a desterrar los años y años de publicidades de estos productos, donde vemos que le ponen kiiiiiilos y kiiiiilos de jabón. Pongan un puñado grande de jabón. Abran la mano como si fueran a recibir una sorpresa, encojan los dedos como cuando se ponen frente a la canilla de agua fría para tomar agua. Lo que cabe ahí dentro, está bien. También puede ser un poquito más. Si la ropa está muy sucia, le ponen dos.
Con el suavizante es más fácil: una tapita y punto. No más porque es al pedo: no queda ni más suave ni más perfumado.
Una vez más hay que usar el sentido común: si van a lavar poca ropa, pongan poco producto. ¿O acaso cuando hacen 4 kilos de asado le ponen la misma cantidad de sal que si asaran una tira de costillas de un kilo?

Eligiendo el programa
Pídanle a su compañera que les indique los programas adecuados. Por lo general la regla es: para ropa oscura, elegir un programa para ropa color y usar agua fría; para ropa clara, elegir un programa de blanco y usar agua que no pase los 50°C (más es un gasto inútil y se corre el riesgo de desteñir algo). Si la ropa clara está muy sucia, pongan más temperatura (no más de 70°).
La temperatura del agua es vital para preservar los colores y los tamaños: el agua muy caliente te puede dejar rosadita esa hermosa remera que supo ser blanca, además de dejártela del tamaño de una pupera.
Un detallito: no olvidarse de darle al botoncito ON, sino el lavarropas no arranca. Gracias.

Esperar a que termine
Como les dije al principio, lavar la ropa es dejarla en óptimas condiciones de uso. Eso significa que deberán esperar a que termine el lavarropas y no dar por terminado el asunto. Eso no quiere decir que se queden como pavos mirando la puerta del aparato, viendo cómo dan vueltas las prendas.
Dependiendo de los programas, los ciclos de lavado duran entre 45 minutos y una hora y media. Consulten con su compañera la duración o hagan sus propias mediciones, ¡qué tanto!

Secado y “planchado”
Cuando haya terminado, sacan la ropa, la sacuden un poco, la cuelgan bien estiradita en la soga o alambre o adminículo destinado a tal fin. La estirada es vital para quienes, como yo, no planchan ni una media. Una ropa bien estirada es garantía, la mayoría de las veces, de que pueda ser usada sin planchar. Eviten clavarle un broche en el medio del pecho a una remera porque ahí se acabó el amor. Todo estiradito y chau picho.
Un detalle: la ropa de color se cuelga a la sombra para que no se decolore. No digas que no te avisé.

Descolgar y guardar
Una vez que la ropa está seca, hay que descolgarla. Ni antes ni después. Antes, quedará mojada o húmeda en algunas partes y podrá tomar olor a humedad (ver Significado). Después, quedará acartonada e imponible.
Con la ropa en la mano, se dobla y se pone en el lugar donde va la ropa para planchar o en el ropero. Asúmanlo: deberán aprender dónde va la ropa de la compañera, así como ella aprendió dónde va la de ustedes. Hagan el esfuerzo.

Cuatro sabios consejos
-Sobre el color de una prenda: no la laven sin preguntar. Si ya la lavaron, cuélguenla a la sombra.
-Sobre la temperatura: elijan agua fría.
-Sobre la cantidad de ropa: si creen que es mucho, es mucho. Si creen que es poco, pongan el lavarropas a media carga.
-Sobre la ropa interior de la compañera: acuerden con ella si pueden tocarla o no. Hay mujeres muy estrictas en cuanto al lavado de sus prendas íntimas. Evítense problemas.

domingo, 10 de enero de 2010

La escuelita de la tía Ceci – Lección N° 2

El sentido de la oportunidad – Partes 1 y 2

Esta lección se desdobla en dos partes:
1) ¿A cualquier mujer se le puede proponer un touch & go?
2) ¿Cómo se cuida a la mujer que ha accedido a un touch & go conmigo?

Arranquemos con la primera parte con un trabajo práctico.
Querido hombre, varón, macho argentino, toma un lápiz y un papel y elige a cuál/es de estas mujeres le propondrías un touch & go:

- La rubia del gimnasio que cada vez que termina con su rutina tiene que ir al proctólogo para sacarse la calza del orto
- Esa compañera de trabajo que te tiene loco con sus tetas
- Una amiga/compañera de secundaria/facultad/inglés/aeromodelismo/ikebana
- Tu jefa
- Tu ex mujer/novia
- Un touch & go viejo o abandonado (retomaremos este concepto en una lección posterior)

-
A todas

Piensa bien antes de responder.

¿Pensaste?

¡Bien!

La respuesta, independientemente de la opción que hayas elegido, es a cualquiera. La respuesta correcta es: A NINGUNA SIN ANTES ESCUCHARLA.

Si de su boca ha salido en alguna oportunidad el comentario de que tiene ganas de enamorarse, que está harta de pasar fines de semana sola, que hace muuuucho que no tiene pareja, que ya está en edad de formar una familia, y una gran sarta de Susaneadas más que las mujeres solemos decir muy a menudo, entonces estás frente a una fémina no apta para un touch & go AL MENOS EN ESTE MOMENTO DE SU VIDA.

Muchas mujeres cometemos el error de hacernos las superadas y creemos que podemos manejar el touch & go. Pero si alguna Susaneada nos ronda por la cabeza, somos capaces de aceptar el príncipe azul e intentar por todos los medios que no destiña. Porque querido hombre, varón, macho argentino… debes saber que todos ustedes son príncipes azules. Pero en situación de touch, indefectiblemente destiñen.

Entonces, la lección de esta primera parte es:

NO SE LE PUEDE PROPONER UN TOUCH & GO A UNA MUJER SIN ESCUCHARLA HABLAR ANTES.

Apelen a su olfato de macho alfa. Paren las orejas. Estén atentos. Buceen. Investiguen. ESCUCHEN. Ya les dije en la lección N° 1 que un touch & go es un arte que requiere un mínimo de esfuerzo.

Si dice: “tengo ganas de tener un novio” NO es apta. Si dice: “necesito que me apapachen”, puede ser… pero hay que escucharla un poquito más para ver si necesita un abrazo o que la quieran de verdad. Si dice: “¡qué bien me vendría una cepillada!”, están ante una posible candidata.

No te pierdas la segunda parte: ¿Cómo se cuida a la mujer que ha accedido a un touch & go conmigo?

¡Nos vemos en la próxima!

sábado, 9 de enero de 2010

La escuelita de la tía Ceci - Lección N° 1

Querido hombre, varón, macho argentino:
Si has ingresado aquí es porque estás convencido de que aún te queda un largo camino por recorrer en esta aventura que significa tratar y conocer a las mujeres.
No pretendo esclarecer tu vida de relación pero sí aportarte un par de consejos útiles que harán más placentera la vida de la/s fémina/s que tengas alrededor y, en consecuencia, la tuya propia.

El lema de esta escuelita es “no hay que andar por la vida quedando como un hijo de puta”, y en este sentido, con estas lecciones, encontrarás un par de tips para que pongas en práctica y así puedas quedar en la memoria de la mujer en cuestión al menos como un buen tipo (el resto depende de ti y sólo de ti, mi sol...).

Qué es y qué NO es un touch & go
Un touch & go puede ser definido como una relación ocasional y pasajera que incluye fundamentalmente -aunque no excluyentemente- sexo. Es una forma de vincularse que puede extenderse por tiempo indeterminado. Las mujeres, en general, preferimos el touch & go extendido en el tiempo.

Un touch & go NO es un Gatorade que se toma después del fulbito de sábado por la tarde con los amigos. No se saca la tapita, se le pegan cinco tragos a borbotones y se suelta un sonoro eructo al final.

Un touch & go es un arte, lleva su tiempo conseguirlo (es decir que requiere un mínimo de esfuerzo) y son necesarias ciertas destrezas para desarrollarlo y sostenerlo.

Un touch & go NO se logra con un mensaje de texto que dice: "Gorda, ponéte unas milangas en el horno que voy para allá" o un llamadito el sábado a las 23 diciendo "¿Paso por tu casa, mami?".

En general, las mujeres de menos de veintipico lo tienen más incorporado porque han sido criadas de otra manera. Pero para aquellas que pasamos airosas los 25, nos puede resultar un poco heavy hablar de touch & go a secas. Con lo cual acá viene el primer consejo de oro:

UN TOUCH & GO, PARA QUE FUNCIONE, NO DEBE PARECERSE A UN TOUCH & GO


Un alumno me dijo una vez que este primer consejo de oro parece salido de una revista Cosmopolitan. ¡Nada más lejos de la realidad! Querido hombre, varón, macho argentino, esto es un axioma que no se discute. Es un acto de fe. Que no se parezca a un touch & go es LA clave. Punto.

Me dirás, con justa razón, ¿cómo hago para que la mujer no se “confunda” y crea que quiero algo más?
Sencillamente, aclarando el asunto antes.
“Me gustás y creo que te gusto. Por eso te propongo pasarla bien sin compromisos y cuando tengamos ganas” podría ser un buen argumento.
Vos ensayarás tu discurso, manejarás tus propias palabras, etcétera, pero en esencia con eso sería suficiente.

Ahora está TERMINANTEMENTE PROHIBIDO agregar una frase del tipo “y vamos viendo” o “vemos qué pasa”.

¡ERROR!

Un concepto de este estilo deja abierta una posibilidad de darle un giro a la relación en el futuro y le deja vía libre a la mujer para saber que puede ir un poco más allá. Y si eso es lo que quiere, no dudará en desplegar sus encantos femeninos y otras estrategias que te romperán soberanamente las pelotas como mensajearte 50 veces por día o llenarte la casilla de mails.
Con esto no quiero decir que ningún touch pueda evolucionar en algo más. Pero recordemos el lema de este curso: “no hay que ir por la vida quedando como un hijo de puta”.

No te pierdas la lección N° 2: El sentido de la oportunidad.

¡Nos vemos en la próxima!

No tomar el timón a tiempo

Nunca me gustó Sandro. Y estoy segura de dos cosas. Primero de que a muchos esto les caerá decididamente mal. Y segundo, que mi ignorancia respecto de su trayectoria artística colaboró con mi desagrado.
Siempre me pareció un “baboso” que ¡para qué tenía que mover la pelvis y tocarse así la entrepierna y el pecho!
Sin embargo, tengo que reconocer que el bombardeo mediático con sus canciones y su biografía desde que fue trasplantado allá por el 20 de noviembre me mostró un costado humano que yo desconocía y que me ayudó a ver al hombre detrás del mito.
Así, ver a Roberto Sánchez –y no a Sandro– reconocer que se merecía su enfermedad por creer que nunca nada malo podía pasarle como consecuencia del cigarrillo no hizo más que demostrarme lo prepotentes que somos a veces y cuántas oportunidades tenemos para torcer nuestro destino y las desperdiciamos por no tomar el timón a tiempo.

martes, 29 de diciembre de 2009

Diez cosas que me dice mi propio pájaro carpintero

Ver antes para entender

1. Te faltan 4 kilos... no te falta nada... nada... nada... 4 kilos... no es nada... nada...
2. Ya te van a entrar ese pantalón y ese short. Ya te entró este pantalón... te va a entrar el otro... te va a entrar...
3. Te queres mudar a una casa, una casa... Una casa para tener un perro... Un perro... Una casa... Un perro...
4. Tenés que dejar de fumar, después de bajar de peso, largá el pucho... basta de puchos... largá el pucho...
5. Dale con el gimnasio... Hace calor pero dale con el gimnasio... dale... dale...
6. Largá el diario y metéte en la tele, largá el diario y metéte en la tele, largá el diario, largá el diario...
7. Dejáte de boludeces… El diario te da de comer, el diario te da de comer, el diario te da de comer...
8. Ya sé que querés vacaciones... te falta poco... vacaciones... vacaciones...
9. Yo duermo sola, yo duermo sola, sola, sola, yo duermo sola, en el medio de la cama y sola…
10. ¡Cómo te dejaría dormir conmigo! ¡Cómo te dejaría dormir conmigo!

Los pinchaglobos

Siempre hay alguien dispuesto a pincharte el globo, aunque lo haga sin querer o sin saber.
Acababa de salir del médico en mi primer control de mi dieta. Venía muy pero muy feliz. Según su balanza, he bajado 7 kilos y medio (según la de la farmacia de la esquina de mi casa, he bajado 6 y medio). Contenta como hacía muuuuuucho no me sentía, decidí darme un “permitido”, esto es, no ir hoy al gimnasio. Entonces, pasé por el supermercado a comprar leche y frutas. Me di una vuelta por las góndolas. Puse en el carrito un cuarto de sandía, medio melón, tres duraznos, tres manzanas, y dos litros de leche descremada. Después agregué una toalla, un paño esponja para la cocina, un desodorante, una Fanta light de litro y medio y un café Dolca Suave.
Así, feliz como estaba llegué a la línea de cajas. Yo llevaba 11 productos. Me puse en la caja rápida de “Máximo 10 productos”. Con una precisión de cirujano, la cajera me pegó un grito: “¡¡Máximo 10!!”. Sin perder mi humor, le susurré: “Llevo 11…”. Me contestó, cual empleada pública de Gasalla: “¿No sabe leer, señora? Máximo 10. El cartel dice ‘Máximo 10’”.
Ya se me empezó a poner espesa la cosa.
Corrí el carrito a la caja de al lado, donde habían tres personas delante de mí. Las dos primeras tenían 11 o 12 cosas y la misma cara de culo mía. Seguramente, Flora (la empleada de Gasalla disfrazada de cajera) les había espetado su “¡Máximo 10!” a viva voz. La última tenía un carro por la mitad.
“Non preocupare… Qüinche porchento”, pensé para mis adentros, y me puse a pispear los CDs y DVDs que habían en esa isla estratégicamente colocada para que uno boludee mientras espera que le cobren.
Y ahí llegó ella. No me di cuenta que venía con el alfiler pinchaglobos. Ahí venía ella con su carrito con unas 20 cosas, con su cartera colgada en el codo y con su mejor sonrisa me dice: “¿Me cuidás el carrito que me olvidé de poner el cepillo de dientes?”. Debí haberme imaginado lo que seguía, pero estaba tan embobada mirando los malditos DVDs que no me di cuenta. “Sí, claro”, le contesté.
Dos minutos después volvió… con las manos vacías. Y ahí empezó la pesadilla. “Sólo había Oral B y Colgate. No estaba el Sensodyne que yo uso. Porque me lo recomendó el dentista”, me dice. Recién ahí reparo en su dentadura: la del burro de Shrek era más chica y más prolija. “El dentista me dijo que use el Sensodyne porque es más chiquito. Los cepillos de dientes tienen que tener tres hileras de cerdas. Esa es la medida ideal para limpiarse bien entre los dientes… bien entre los dientes… bien entre los dientes” (¡¡¡¡¿¿¿Por qué lo repitió tres veces???!!!!).
“Ahá”, le dije, y seguí mirando los DVDs, en un claro mensaje de “No me hablés”.
Pero no hubo caso, che. Ella volvió a sacar el alfiler pinchaglobos y dijo: “Al final, tanto que dijeron que iba a llover por la noche, tanto que dijeron que iba a llover por la noche y al final, no llueve nada. Yo ya no le creo nada a nadie. Ni al Pedro Maza, ni al Federico Norte. A ninguno… a ninguno… a ninguno…” (¡¡¡Otra vez tres veces!!!).
Reconozco que cometí un error porque le contesté: “Bueno, señora… son las ocho y media de la noche… todavía falta…”.
La cagué.
Porque ella interpretó que yo quería seguir teniendo esas charlas superficiales que se tienen en la cola de la caja del supermercado. Y se fue la segunda...
“Yo al final, iba a ir a lo de mi sobrino, porque hoy se recibía. Pobrecito… pero la verdad… te digo, nena, me dolía mucho la cabeza. Y encima yo vivo en Luján y él en Las Heras… ¡Irme hasta la otra punta con ese dolor de cabeza! No… no… no… (otra vez tres veces…). Entonces, no voy nada. Me bajé del colectivo acá, a medio camino, para entrar al supermercado y comprar el cepillo de dientes, una lata de duraznos para el pionono de Nochebuena, porque viste que después aumentan los precios como locos, y otras cositas más”.
Yo, a esa altura, me quería hacer un harakiri con un sachet de leche. Pensé: “¿Acaso tengo un cartel en la frente que dice: “En caso de estar aburrida en la cola del supermercado, hable conmigo”?”.
Y no hay dos sin tres.
“Al final, ya no me duele la cabeza y podría haber ido a lo de mi sobrino. Pobreeeee… no me lo va a perdonar nunca, nunca, nunca (tres veces tres). Pero bueno, es en la otra punta del mapa… Y yo tenía que comprar el cepillo de dientes. Y al final no lo encontré al cepillo y ya no me duele la cabeza. Entonces podría haber ido igual. Pero no, porque es en la otra punta del mapa. Y además, encima todavía se puede largar a llover (¡¡¡¿¿¿no era que AL FINAL NO HABÍA LLOVIDO EN LA NOCHE???!!!).
Y llegó la cuarta.
“Al final, yo digo todas estas cosas para justificarme, para no sentirme tan culpable por no haber ido, ¿no te parece?”, y se rió mostrándome todos sus dientes de Burro de Shrek.
Por suerte, ya me tocaba a mí. Empecé a poner todas mis cosas en la caja. Saqué la tarjeta de débito y mientras esperaba para firmar el ticket, ví que ella sacaba sus cosas. Entre ellas había como tres kilos de huesos. Y ahí entendí todo. ¡¡¡Es una señora sola!!! ¡¡¡Lo único que tiene son sus dos o tres perros que seguramente recogió de la calle porque le dio pena!!!
Y me dieron ganas de decirle: “¿Sabe qué, señora? Yo también soy sola pero hay cosas que no hago ni loca. No ando hablándole a cualquier desconocido en la cola del supermercado, ni le ando contando a la gente que los cepillos de dientes de tres hileras de cerdas limpian mejor entre los dientes, ni que no le creo ni al Pedro Maza ni al Federico Norte, y que vivo en Luján y mi sobrino en la otra punta del mapa, y que encima hoy se recibía y no fui a verlo y no me va a perdonar nunca. ¿Sabe qué, señora? Ante todo DIG-NI-DAD, señora, DIG-NI-DAD!!!!!
Salí, me subí al auto, ¿y a que no saben qué pasó? SE LARGÓ A LLOVER!!!!

Bienvenidos

A pedido del público, hoy empiezo formalmente a escribir mi blog. La idea es contar algunos sucedidos y algunas ficciones, y tal vez la mezcla de ellas. No sé bien cómo se hace esto así que veremos en la marcha. Los invito a leer "Los pinchaglobos", mi primer post. Y como siempre digo... muy rico todo... gracias por venir!