sábado, 9 de enero de 2010

No tomar el timón a tiempo

Nunca me gustó Sandro. Y estoy segura de dos cosas. Primero de que a muchos esto les caerá decididamente mal. Y segundo, que mi ignorancia respecto de su trayectoria artística colaboró con mi desagrado.
Siempre me pareció un “baboso” que ¡para qué tenía que mover la pelvis y tocarse así la entrepierna y el pecho!
Sin embargo, tengo que reconocer que el bombardeo mediático con sus canciones y su biografía desde que fue trasplantado allá por el 20 de noviembre me mostró un costado humano que yo desconocía y que me ayudó a ver al hombre detrás del mito.
Así, ver a Roberto Sánchez –y no a Sandro– reconocer que se merecía su enfermedad por creer que nunca nada malo podía pasarle como consecuencia del cigarrillo no hizo más que demostrarme lo prepotentes que somos a veces y cuántas oportunidades tenemos para torcer nuestro destino y las desperdiciamos por no tomar el timón a tiempo.

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