Esta lección se desdobla en dos partes:
1) ¿A cualquier mujer se le puede proponer un touch & go?
2) ¿Cómo se cuida a la mujer que ha accedido a un touch & go conmigo?
Arranquemos con la primera parte con un trabajo práctico.
Querido hombre, varón, macho argentino, toma un lápiz y un papel y elige a cuál/es de estas mujeres le propondrías un touch & go:
- La rubia del gimnasio que cada vez que termina con su rutina tiene que ir al proctólogo para sacarse la calza del orto
- Esa compañera de trabajo que te tiene loco con sus tetas
- Una amiga/compañera de secundaria/facultad/inglés/aeromodelismo/ikebana
- Tu jefa
- Tu ex mujer/novia
- Un touch & go viejo o abandonado (retomaremos este concepto en una lección posterior)
- A todas
Piensa bien antes de responder.
¿Pensaste?
¡Bien!
La respuesta, independientemente de la opción que hayas elegido, es a cualquiera. La respuesta correcta es: A NINGUNA SIN ANTES ESCUCHARLA.
Si de su boca ha salido en alguna oportunidad el comentario de que tiene ganas de enamorarse, que está harta de pasar fines de semana sola, que hace muuuucho que no tiene pareja, que ya está en edad de formar una familia, y una gran sarta de Susaneadas más que las mujeres solemos decir muy a menudo, entonces estás frente a una fémina no apta para un touch & go AL MENOS EN ESTE MOMENTO DE SU VIDA.
Muchas mujeres cometemos el error de hacernos las superadas y creemos que podemos manejar el touch & go. Pero si alguna Susaneada nos ronda por la cabeza, somos capaces de aceptar el príncipe azul e intentar por todos los medios que no destiña. Porque querido hombre, varón, macho argentino… debes saber que todos ustedes son príncipes azules. Pero en situación de touch, indefectiblemente destiñen.
Entonces, la lección de esta primera parte es:
NO SE LE PUEDE PROPONER UN TOUCH & GO A UNA MUJER SIN ESCUCHARLA HABLAR ANTES.
Apelen a su olfato de macho alfa. Paren las orejas. Estén atentos. Buceen. Investiguen. ESCUCHEN. Ya les dije en la lección N° 1 que un touch & go es un arte que requiere un mínimo de esfuerzo.
Si dice: “tengo ganas de tener un novio” NO es apta. Si dice: “necesito que me apapachen”, puede ser… pero hay que escucharla un poquito más para ver si necesita un abrazo o que la quieran de verdad. Si dice: “¡qué bien me vendría una cepillada!”, están ante una posible candidata.
No te pierdas la segunda parte: ¿Cómo se cuida a la mujer que ha accedido a un touch & go conmigo?
¡Nos vemos en la próxima!